8*2*13

Jugábamos y no sabíamos a qué. Nos agarrábamos del pelo mientras la transpiración fluía y los suspiros abundaban en la habitación-cueva. Nos hicimos y deshicimos, como dos ovillos, cuantas veces pudimos, sin importar si sonaban los Doors o Zeppelin.
El ambiente emanaba música y nosotros sólo sentíamos el latido del otro.
Afuera, un mundo de ideas. Adentro, dos pequeños mundos unidos por la fricción y el increíble imán que, sin saber, actuaba sobre nosotros con una fuerza extra